MÁS ALLÁ DE LA DISCIPLINA POSITIVA

En los últimos años, la disciplina positiva ha estado muy presente dentro de los enfoques de la crianza. Es cada vez mayor el número de familias que buscan educar desde el respeto y la comunicación, dejando así atrás los castigos tradicionales, y en donde se apuesta por una relación más cercana y comunicativa con sus hijos. ¿Pero qué significa realmente educar con disciplina positiva?

Es un estilo de crianza que se centra en corregir el comportamiento mediante el aprendizaje a largo plazo, de manera que no es simplemente castigar, sino educar a través de la idea de que los niños aprenden mejor cuando se sienten respetados, escuchados y acompañados.

No obstante, en ciertas ocasiones, la disciplina positiva no siempre funciona como nosotros queremos o esperamos, y no es porque el enfoque sea incorrecto, si no que llevado a la práctica sin matices, puede quedarse un poco corto en algunas situaciones. Muchas veces tanto en consulta, como fuera de ella, es posible encontrarse con casos donde no se responde bien únicamente al diálogo o la reflexión conjunta. Hay algunos niños que ante cosas que no le gustan o desconocidas para ellos, se desbordan, se bloquean o no saben cómo llevar la situación. En algunos casos, los niños necesitan algo más que solo comprensión emocional, necesitan estructura, límites visibles, concretos y tangibles, debido a que muchas veces la comprensión sólo aborda la parte verbal y cognitiva, pero puede pasar que el niño no tenga herramientas reales para gestionar lo que les ocurre. Aunque también en muchas ocasiones hay otro factor que no se está teniendo en cuenta y es la evitación del malestar o la incomodidad, de que algo esté fuera de ellos o no sea lo correcto, ya que el niño apenas tiene oportunidades de frustrarse, y por lo tanto de aprender a tolerar esa frustración, cosa que solo a través de la comunicación no puede aprender .

Todo esto puede llevar a que el problema no se resuelva, o incluso a generar un trastorno de la conducta mayor.

La disciplina positiva ha supuesto un cambio necesario a la hora de educar o resolver problemas con nuestros hijos, sin embargo cuando se aplica sin matices, en algunos casos puede quedarse corta. No todos los niños aprenden solo desde lo verbal. Algunos necesitan estructura, límites claros e incluso experiencias reales que les permitan enfrentarse a sus problemas, a tolerar la frustración y aprender de ello. Evitar constantemente el malestar, no la elimina, solo retrasa el aprendizaje de cómo gestionarlo.

La clave no está en abandonar la disciplina necesaria, sino en hacer un equilibrio. Acompañar lo emocional, pero con un marco claro, donde las consecuencias sean comprensibles, pero a la misma vez una pequeña oportunidad de aprendizaje con apoyo. Por qué educar no es solo hacer sentir bien al niño en el momento, si no darle herramientas para desenvolverse mejor en el futuro.

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